Funcionalidades

Todo lo que deja de hacerse a mano en tu despacho

30 capacidades, agrupadas por el momento en que las necesitas: desde que entra una notificación hasta que el escrito está firmado y tu cliente sabe cómo va lo suyo. Y marcadas por oficio, porque el día de un procurador no es el de un gestor administrativo.

Tu oficio

Las 30 capacidades, sin filtrar. Elige tu oficio y se atenúa lo que no es de tu día a día: nada desaparece de la página.

Entra el trabajo

Por donde llega lo que hay que hacer

Todo lo que te notifican entra por el mismo sitio y sale convertido en trabajo concreto. No hay que teclear nada para que exista.

Un buzón propio del despacho

Tu despacho tiene su propia dirección dentro de pleitox. Reenvías ahí el aviso del juzgado, la notificación de la Agencia Tributaria o la de la Seguridad Social, y vuelve entendida: con su resumen, su prioridad y el expediente al que pertenece.

Reenvío automático desde tu correo

Si no quieres reenviar a mano, un asistente te acompaña a dejar la regla puesta en Gmail o en Outlook. A partir de ahí no vuelves a tocar nada: lo que llega, entra.

El papel que te dan en mano

El papel que te dan en mano

No todo llega por correo. Subes un PDF, una foto o un ZIP entero y hace el mismo camino. Lo que se te pide es la fecha en que te notificaron, porque es desde la que corren los plazos.

Si no la indicas, se busca dentro del documento; y si no consta, se usa la de subida y queda marcada como sin confirmar. Nunca se da por buena una fecha que nadie ha declarado.

Varios asuntos de una vez

Varios asuntos de una vez

Cuando te bajas diez notificaciones de golpe no hay que subirlas de una en una. Las sueltas todas juntas con una regla sencilla: cada comprimido es un expediente y cada documento suelto, otro. Antes de confirmar ves qué trae cada paquete y cuánto va a costar.

Agrupar lo decides tú, porque eres quien sabe qué papeles son del mismo asunto. Si te equivocas, un documento se reasigna y dos expedientes se fusionan sin volver a analizar nada.

La llamada también es trabajo

La llamada también es trabajo

Te llama un cliente, pasas por su oficina o te reenvían un WhatsApp. Lo escribes —o lo dictas— y entra por el mismo camino que una notificación: con su resumen, sus tareas y su expediente. Lo que antes se quedaba en una nota en un papel.

Una sola bandeja

Una sola bandeja

Todo lo que ha entrado, en una lista: de dónde viene, qué dice, qué urge y qué ha generado. Se filtra por organismo, por prioridad y por lo que necesita una decisión tuya, y se busca por asunto, por identificador o por cliente.

Sale la fecha

El plazo, contado como toca

La parte que más cuesta y peor se lleva: contar días. Cada plazo llega con su fecha calculada y con el desglose que la explica.

Cada plazo, con su cómputo delante

Cada plazo, con su cómputo delante

No solo la fecha: el recorrido día a día que lleva hasta ella. Cuáles cuentan, cuáles no, qué pasa con agosto y con Navidad, y con qué norma se está contando. Puedes comprobarlo sin fiarte.

Cuando un dato de partida no está verificado, el plazo lo advierte en vez de darlo por bueno.

Los festivos que de verdad aplican

Los festivos que de verdad aplican

Los nacionales los sabe cualquiera. Aquí entran también los de la comunidad y los del municipio que corresponde a ese asunto, que son los que mueven una fecha y los que nadie tiene a mano.

Si un municipio no ha comunicado sus fiestas, se dice — no se asume que no las tenga.

Cada vía cuenta distinto

Cada vía cuenta distinto

Un plazo del juzgado y uno de la Administración no se cuentan igual, y el mismo plazo de diez días puede vencer con casi un mes de diferencia según cuál sea. pleitox distingue de quién viene la notificación y aplica el calendario que le toca.

Y cuando no puede afirmar el organismo, lo dice y espera: prefiere preguntarte a acertar por casualidad.

Se trabaja el asunto

Todo el caso, en un solo sitio

Un asunto, una ficha. Se acabó buscar lo mismo en el correo, en una carpeta compartida y en la cabeza de un compañero.

El expediente

El expediente

La información del caso, su cliente y el juzgado u organismo que lo lleva, con la cronología de todo lo que ha pasado en orden y las comunicaciones que han entrado y salido. Se crea solo con la primera notificación.

Las tareas se escriben solas

Las tareas se escriben solas

De cada notificación sale lo que hay que hacer, con su prioridad y su fecha límite. Se reparten entre los compañeros y se ven en lista o en tablero.

Completarlas, moverlas, cambiar la prioridad o borrar la que no proceda sigue siendo tuyo.

El mes del despacho

El mes del despacho

Tareas, plazos y días inhábiles sobre la misma rejilla. Lo que vence se ve venir con semanas en lugar de aparecer el día antes, y cada entrada lleva a su expediente.

Las vistas se apuntan solas

Las vistas se apuntan solas

De la cédula sale el señalamiento: día, hora y sala, en la agenda, sin que nadie lo teclee. Y un señalamiento no es un plazo —no es una fecha límite, es un sitio al que hay que ir a una hora—, así que se trata como lo que es.

Si dos se pisan, se avisa. Y se distingue lo que es apretado de lo que es imposible: dos vistas en la misma ciudad con dos horas de margen es una cosa, y en dos provincias distintas es otra.

La prueba, numerada

La prueba, numerada

Contratos, facturas, periciales o capturas de conversaciones: según entran quedan clasificados, resumidos y con su número de documento, que es como se citan en un escrito.

La numeración y los resúmenes se corrigen a mano. Qué se aporta, y en qué orden, lo decides tú.

Reuniones que se archivan solas

Reuniones que se archivan solas

La videollamada se agenda desde el propio expediente, así que nace atada al asunto. Al terminar queda transcrita y archivada como una evidencia más del caso, con su fecha y sus asistentes.

Escritos que parten del expediente

Escritos que parten del expediente

Más de setenta plantillas procesales que se rellenan con lo que ya consta en el asunto —las partes, el órgano, el procedimiento— y citan las pruebas por su número. Arriba salen las que encajan con este caso.

Sale un documento editable, no uno cerrado. Lo revisas, lo ajustas y lo firmas tú: el criterio jurídico no se delega.

Y primero los de tu oficio

El catálogo no es el mismo para todos aunque las plantillas sean las mismas. Un procurador ve arriba la personación y la tasación de costas; una asesoría, las alegaciones ante la Agencia Tributaria y la Tesorería. Cada uno encuentra lo suyo sin bajar veinte plantillas.

Ordena, no esconde: el catálogo entero sigue estando. Ocultar el escrito que hacía falta es un plazo perdido.

Con quién trabajas

Tu cartera, tu equipo y tus clientes

Un despacho no es solo expedientes: es gente. La que trabaja contigo, la que te contrata y la que te vas cruzando por el camino.

Clientes

Clientes

Tu cartera con sus datos, sus asuntos y su histórico con el despacho. Los buscas por nombre o por identificación y los que más trabajas se quedan arriba.

Directorio de profesionales

Directorio de profesionales

Procuradores, peritos, abogados contrarios, juzgados y organismos con los que te cruzas. No lo rellenas tú: se va formando con los que aparecen en tus propios asuntos. Cada ficha enseña los expedientes que lleváis juntos y los señalamientos que tenéis por delante en ellos.

Cada ficha se puede corregir. Lo que se ha deducido de un documento se marca como tal.

El mensaje del domingo por la noche, ya escrito

El mensaje del domingo por la noche, ya escrito

Los señalamientos que tienes con un procurador —hoy, esta semana o este mes— redactados con su día, su hora, su juzgado y su asunto, listos para copiar o mandar por WhatsApp. El dato ya estaba en pleitox: salió de la propia cédula.

No se manda solo: lo lees, lo corriges si hace falta y lo mandas tú. Un aviso automático con un juzgado mal leído es alguien plantado en la puerta que no es.

Un portal para quien te instruye

Un portal para quien te instruye

Entra con su propio acceso y ve cómo va lo suyo: las fechas que vienen y los documentos que tú hayas marcado como visibles, uno a uno. Con un chat que responde sobre su expediente y no sabe nada de los demás. Se nota en el teléfono del despacho.

No es solo para clientes: también entra el profesional que te da instrucciones —el letrado director si eres procurador, la gestoría, el graduado social—. Es la misma pantalla; cambia quién está al otro lado.

Que la empresa dé de alta al trabajador

Tu cliente empresa rellena desde el portal los datos del trabajador que va a contratar —nombre, documento, categoría, jornada— y te llegan ya estructurados para tramitar el alta. Se acaba el correo con tres datos y la llamada para pedir los otros cuatro.

El expediente, compartido con el otro despacho

El expediente, compartido con el otro despacho

Si el procurador y el abogado trabajáis los dos aquí, dejáis de reenviaros el PDF. El expediente se comparte y llega al otro lado ya entendido: con su plazo calculado, sus señalamientos y las tareas que le tocan a su oficio. El análisis se paga una vez, no dos.

Los dos extremos tienen que tener plan de pago. Y no viaja todo: las notas internas, lo que piensas de un señalamiento y tu relación con tu cliente siguen siendo tuyas.

El despacho, a varias manos

El despacho, a varias manos

Invitas a los compañeros, se reparte el trabajo por persona y cada uno ve lo del despacho. Los escritos salen firmados por quien corresponde, no por quien pulsó el botón.

Y si un expediente se queda sin nadie del despacho detrás, se avisa. Un asunto sin dueño no es un asunto tranquilo: es uno del que nadie se ha hecho cargo todavía.

Por departamentos, no solo por personas

Por departamentos, no solo por personas

Laboral, fiscal, escrituras. O civil, social y penal. Clasificas el asunto una vez y todo lo que entra por él —tareas, notas, plazos— queda encaminado al mostrador que le toca, sin que nadie tenga que repartirlo a mano.

Te ayuda a decidir

Preguntar en vez de buscar

La información ya está dentro. Lo que hace falta es poder sacarla en los términos en que uno piensa.

Pregúntale a tu cartera

Pregúntale a tu cartera

«¿Qué tengo esta semana?», «¿qué se me puede escapar?». Responde sobre tus expedientes, no sobre internet, y sabe cruzar toda la cartera buscando lo que se cae por las grietas: el asunto parado, el plazo sin tarea, el cliente al que hace un mes que nadie escribe.

Cada respuesta trae al lado el expediente del que ha salido, para que la compruebes. Una respuesta que no se puede verificar no vale en un despacho.

Buscar dentro, no solo por título

Buscar dentro, no solo por título

El buscador entra en el contenido de tus comunicaciones, tus pruebas y tus escritos, no solo en sus nombres. Se abre con el teclado desde cualquier pantalla.

Ayuda donde estás

Ayuda donde estás

Casi setenta preguntas respondidas y, en cada pantalla, un recorrido guiado que explica lo que estás viendo sin sacarte de ahí.

Lo que controlas tú

Sin sorpresas

Lo que gastas y dónde están tus datos no deberían ser una letra pequeña.

El consumo, a la vista

El consumo, a la vista

Lo que llevas usado de tu plan se ve mientras trabajas, no cuando llega la factura. Lo que se paga por uso se avisa antes de gastarlo, con su saldo y su extracto.

Tus datos, en Europa

La información de tu despacho se guarda en infraestructura europea, con copias de seguridad y con el contrato de encargo del tratamiento que exige el Reglamento. Los documentos se sirven solo a quien tiene derecho a verlos.

Pruébalo con tus propios asuntos

Dos meses gratis y sin tarjeta. Si no te ahorra tiempo, lo sabrás antes de pagar nada.